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Autores/as: Arturo Robsy
El rayo que se filtraba, solitario, en la capilla particular del Papa, no era casual. Por él, con una sonrisa, descendió el Ángel. Días después, y valiéndose de otros métodos, bajarían los arcángeles a dar los trompetazos del juicio final y despertar así a las conciencias, anestesiadas por el siglo de la materia pura. Dios proveerá. —murmuró el Ángel, meditando en las sorpresas que se verían durante el pesaje de almas. Rodarían algunos bonetes.


